No dañemos el proceso
Reflexión inspirada en el podcast Frente al Reflejo. Puedes escuchar el episodio en Spotify Frente Al Reflejo.
Aleysha Meria
2/22/20262 min read


A veces sentimos que vamos tarde.
Vemos a otros avanzar, cumplir metas, construir cosas que parecen estar más adelante de lo que nosotros hemos logrado. Miramos nuestra propia historia y pensamos que tal vez nuestro proceso ha sido demasiado lento… que el tiempo sigue pasando y nosotros aún estamos en el mismo lugar.
Pero el corazón no camina por el reloj humano.
El corazón camina en el tiempo de Dios.
Y cuando caminamos en Él, aprendemos que el tiempo no es presión, sino proceso.
Si algo he aprendido en mis propios caminos es que lo que parece demora muchas veces es cuidado.
Lo que parece silencio suele ser preparación.
Y lo que a veces sentimos como pérdida puede ser, en realidad, redirección.
La vida espiritual tiene ritmos que no siempre entendemos.
En el evangelio de Juan encontramos una escena que refleja esto con mucha claridad. Lázaro, amigo cercano de Yeshua y hermano de Marta y María, enfermó gravemente. Sus hermanas enviaron a llamar a Yeshua porque sabían que Él podía sanar.
Sin embargo, el texto dice algo que siempre me ha hecho reflexionar:
“Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.”
— Juan 11
Yeshua amaba a Lázaro.
Amaba a esa familia.
Pero no salió corriendo.
Cuando finalmente llegó, Lázaro ya había muerto. Y fue precisamente allí, en lo que parecía una demora irreversible, donde se manifestó la gloria de Dios.
No era indiferencia.
No era descuido.
Era propósito.
Dios no trabaja con prisa.
Trabaja con profundidad.
Nada que tenga raíces verdaderas crece de un día para otro.
Siempre me han fascinado las plantas. No soy experta, pero me gusta observar cómo crecen y cómo cada etapa tiene su propio ritmo.
Antes de que aparezca el primer brote —lo que en botánica se llama plúmula— ocurre algo invisible bajo la tierra.
La semilla primero se rompe.
Antes de mostrarse hacia afuera, algo debe transformarse por dentro.
Hay tiempos de silencio.
Hay momentos de aparente quietud.
Pero algo está ocurriendo en ese plano que nuestros ojos no ven.
Y solo quienes aprenden a respetar el orden divino logran esperar sin dañar el proceso.
Tal vez hoy solo necesitas eso:
respirar.
Soltar la exigencia.
Permitirte estar donde estás… sin afán.
El descanso también es un acto de fe.
Tu proceso tiene sentido.
Tu ritmo es válido.
Tu historia no está atrasada.
Tu propósito —lo que fue escrito para ti— no se mide por velocidad, sino por verdad.
Que el Eterno te regale esta semana
un descanso que ordene tu corazón
y una esperanza que no tenga prisa.
